Viejas costumbres

La situación induce al pasmo colectivo y sin embargo buena parte de la sociedad todavía no alcanza a comprender que estamos en el ojo del huracán. Las entidades financieras, como la fuerza de coriolis, nos arrastran fregadero abajo utilizando a los políticos para mantener sus privilegios. El sistema colapsa lánguidamente, se desmorona sobre nosotros, se derrumba no sólo en su estética, cuya apariencia democrática se rompe las muñecas a golpe de porra, sino también en su raíz económica. Mientras la protesta se desarrolla en las calles, los altos ejecutivos de Telefónica y del Banco de Santander se reparten suculentos dividendos, incluso Solbes, exministro de Hacienda, es fichado por Barclays Bank con un sueldo escandaloso. La única oposición, queramos o no, es el movimiento que echó a andar el pasado 15 de mayo. Exige reformas sustanciales y una mayor participación ciudadana, se resiste a que seamos considerados como una mercancía en manos de banqueros y de políticos. Seguir leyendo

La Casta reacciona (26 de mayo)

La utilización del fútbol como excusa de la Casta para desalojar esta mañana la acampada de Barcelona es la base fundamental de la molienda a palos que han recibido los revolucionarios, y no una cuestión de higiene. Todo el mundo sabe que las acampadas están siendo muy cuidadosas en materia de seguridad y limpieza, incluso respetan los horarios para que los vecinos puedan descansar por la noche. Son ejemplos básicos de ciudadanía. El partido en el poder actualmente en Cataluña, Convergencia i Unió, a la misma bajura ética que el PP o el PSOE, no soporta la presión de la sociedad civil y ha mandado a los mossos de esquadra contra las protestas. Seguir leyendo

Hartazgo

Las gentes del PP comienzan a estar preocupadas con el movimiento que pide una democracia real. No se les ha ocurrido ni por un instante asumir las demandas, al revés, sus medios de incomunicación, durante los gestos de rebeldía frente a la junta electoral, calificaron a los acampados de estar manipulados por agentes socialistas, cuya pretensión no era otra que evitar la victoria conservadora a cualquier precio. El resultado desmiente por sí solo esta opción, pero en la sofoquina de los acontecimientos llegaron los socialistas a afirmar lo contrario, que los rebeldes estaban haciéndole el caldo gordo a la derecha. En cualquier caso, y lejos de escuchar, los políticos utilizaron las quejas como arma arrojadiza. El descrédito no cuajó, sólo sirvió para multiplicar los efectivos, así que tuvieron que recurrir al desprestigio. Los indignados se convirtieron entonces en un heterogéneo grupo de chiflados, utópicos, hippies, ingenuos, sociópatas, drogadictos, mendrugos y sucios desharrapados. Según viniera el piropo del PSOE o del PP, y de sus respectivos medios de comunicación, la sociedad que se había movilizado para cambiar el sistema político por una democracia más representativa, era denostada de una manera o de otra. Todavía lo hacen.  Seguir leyendo >>

Vuelve la brasa

No se escucha otra cosa que palabrería. La pasada campaña electoral, vacua en contenidos y propuestas, yerma en soluciones, fue la más petarda que en décadas he tenido que aguantar y el resultado continúa dando los mismos frutos: ninguno. La cantinela de los ganadores sigue basándose en la convocatoria anticipada de elecciones y en que el jefe —un tal Zapatero— se vaya a casa. No sólo resulta aburrido, además es insufrible. Las páginas de los periódicos de la prensa convencional se llenan de abanicos de colores, las radios analizan de manera persistente los resultados y las televisiones siguen dando la brasa con las derrotas y las victorias de los partidos, los pactos y las coyunturas, pero no se escuchan soluciones, así que tengo la nítida sensación de que los programas de los partidos están huecos. Seguir leyendo

Siguen sin representarnos

La mayoría de la gente todavía no está preparada para una revolución y sin embargo más de la cuarta parte de la sociedad pasa olímpicamente de acudir a las urnas. Salta a la vista que esta democracia no es representativa. Hay más abstenciones que votos para el PP, así que la mitad de las poltronas de las Cortes aragonesas y del consistorio tendrían que estar vacías, sin embargo el sistema no cuenta a los que se desentienden. El sistema actúa como un organismo vivo muy egoísta, de hecho se limita a engordar, y piensa que el que calla, otorga. Es cómodo pensar así.  Seguir leyendo

#globalrevolution

Esta revolución es un espejo: devuelve la propia imagen. Hay periodistas de los medios convencionales que acuden a las acampadas para entrevistar a los «responsables» y se encuentran con una asamblea, la cual les entrega un montón de cuadernos llenos de peticiones ciudadanas. Aún así buscan algún «cabecilla» y cuando han creído que lo han encontrado le dicen que escriba algo. Lo que les escribe es un difícil resumen de las demandas, justo las que ha redactado la gente en las libretas. No hay manera de encasillarlos, de etiquetarlos, de enclichetarlos porque somos nosotros mismos. Cada pancarta es una opinión. Las acampadas devuelven a la sociedad exactamente lo que pide por una sola razón: son el vehículo en el que se monta la sociedad para expresarse. Esta es la revolución.

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#europerevolution

Estamos asistiendo a un acontecimiento histórico y lo más prodigioso es que somos protagonistas en tiempo real, por eso no alcanzamos a comprender a dónde nos lleva. La sociedad civil ha conseguido articularse por medio de las redes sociales, aunque se nos queden pequeñas. Igual que los medios de comunicación intentan subirse ahora al carro de la revuelta — todavía no se atreven y califican el movimiento de protesta— Twitter y Facebook colapsan en las concentraciones, demostrando así que necesitan el apoyo de nuevas tecnologías para difundir lo que se nos viene encima. Los ciudadanos europeos se deslumbran con lo que está pasando en esta península, necesitan saber qué ocurre en la Puerta del Sol, qué germina en España. Comienzan a tener envidia y la mecha prende poco a poco por el continente. La necesidad individual y colectiva de comunicarse desborda a los medios convencionales y sin embargo abre puertas a los más emprendedores. Basta una cámara, un ordenador y un par de locutoras (al principio tan sólo había una moza) para retransmitir en directo por internet lo que se cocía en Sol y al instante se conectan más de diez mil personas. La televisión convencional está preparada para cubrir esta demanda pero no lo hace, ¿por qué? El sistema se muestra incapaz de ocultar lo que ocurre, pero todavía puede empequeñecer y manipular la difusión del mensaje. No hay más. Prefiere emitir programas estúpidos en vez de pillar el micrófono y tomarle el pulso a la calle. Ayer, en un gesto desesperado y sin precedentes, el sistema intentó prohibir sin éxito mediante el uso de la fuerza la acampada en la Puerta del Sol. Una marea humana logró que la policía no pudiera disolver las calles, de hecho ni siquiera lo intentó. Era materialmente imposible sin provocar el caos y la inseguridad cívica. Una orden de la Junta Electoral quedaba de esta forma en entredicho por la masiva desobediencia ciudadana. Estamos ante el primer gesto claro de una rebelión donde los políticos, de pronto, pierden el protagonismo mediático y pasan a un segundo plano. Y eso que están en su momento estelar, cuando le dan a la lengua sin asumir ningún compromiso concreto para seguir chupando del bote durante cuatro años más. Todo esto se desarrolla en un instante de suma importancia econonómica. El gobierno, si nadie lo impide, está dispuesto a pagar miles de millones otra vez para rescatar a Portugal. O traducido: para rescatar a los bancos españoles que compraron bonos del tesoro portugueses. Es el pez que se muerde la cola. Los estados europeos emiten deuda pública para salvar a las entidades financieras, los bancos la compran y cuando los países quiebran exigen cobrar su parte más los intereses. La espiral amenaza ya con devorar al propio sistema y antes de que colapse hay que generar una alternativa. Esto es lo que se está discutiendo en la Puerta del Sol. Por eso, precisamente, es imposible pararlo. Las peticiones desbordan al propio movimiento que el pasado domingo nos manifestamos reclamando una Democracia Real Ya. La indignación dio paso a una acampada y hoy las calles se han convertido en una auténtica asamblea ciudadana. La participación se ha trasladado a las plazas mayores, es allí y no en los ayuntamientos o en los parlamentos, donde ahora se discute y hacen propuestas para resolver el enorme problema al que nos ha conducido el sistema actual. Hay una expectación enorme en todos nuestros corazones. Se nota en los rostros de las personas que se ha abierto una puerta a la esperanza. Y va a ir a más. No cabe otra opción. No hay más oportunidades. Es ahora o nunca. Y el sistema político-económico lo sabe, por eso resulta tan emocionante asistir al proceso. Todo el mundo quiere reflejar su frustración, su impotencia, su hartazgo y todo el mundo aporta su granito de arena. Todos estamos invitados, porque hemos llegado a comprender que nosotros somos los dueños de nuestro destino y semejante responsabilidad nos enaltece, nos ilusiona y nos encoge el alma. Es un momento histórico, pacífico y brillante, disfrutémoslo.