Decadentes contra evolutivos

Soy pesimista a corto y medio plazo pero me siento optimista con respecto al futuro. Aunque desconozco los tiempos porque la Historia se acelera, estoy convencido de que va a producirse una transformación social bastante grande. Los acontecimientos serán asombrosos y a la vez horripilantes. No queda más remedio, el problema es grave e irá a peor. No voy de profeta, al contrario, es de sentido común y hasta los brokers se dan cuenta de que estamos en un callejón sin salida. Vamos todos montados en un tráiler conducido por gente suicida y los analistas no hacen otra cosa que ver la tapia del fondo y calcular la velocidad que llevamos para averiguar con antelación la magnitud del tortazo. Pero el golpe es inevitable, lo estamos viendo en Grecia. Lo que ocurre allí se extenderá como un reguero de pólvora por toda Europa. A no ser que pinchemos las ruedas, vaciemos el depósito o saltemos en marcha del vehículo, nos vamos a dar una piña de espanto. Los conductores han sellado la cabina y pisan a fondo el pedal, están convencidos de que la única solución es estrellar el camión contra el muro. Y en esas estamos, no hay más. Seguir leyendo

A huevo y dando las gracias

Mientras los jefes hacen el canelo en el parlamento, el honorable señor Mas —¿cuyo título presupone su honor?—, como presidente de la Generalitat de Cataluña se ha caído del guindo con unas soberbias declaraciones que no pueden ser ya más indignantes. A su triste juicio, para privatizar los servicios públicos hay que ponérselo fácil a la iniciativa empresarial. Y cuando escribo «servicios públicos» me refiero al lote completo, exceptuando «la policía y las cárceles». Suena a noticia de «El Mundo Today», pero es exactamente lo que ha dicho este fulano. No se me ocurre otra expresión más acorde con las características del personaje que llamarlo fulano, el resto —con la chicharrina que pega— se reduce a palabras malsonantes. Hablando en tono socarrón, me pregunto por qué las cárceles y la policía representan una salvedad en su voluntad roedora, máxime cuando en los Estados Unidos, icono del desastre económico y financiero, ni siquiera respetan al ejército. Hace años que las cárceles están allí en manos de una mafia que, en connivencia con algunos jueces, va enrejando menores de edad con escasos recursos para que el estado benefactor vaya abonando las facturas de su paso por las prisiones. La policía también está mermada por cuerpos de escolta y vigilancia privadas, y el ejército está sembrado de negras compañías mercenarias, las cuales actúan a sus anchas por Irak, Afganistán o Libia. Así que no entiendo al honorable señor Mas cuando dice que cabe vender todo salvo la policía y las cárceles. A lo peor es que tiene apalabrado el asunto y el resto todavía está en negociaciones. Vaya usted a saber. Seguir leyendo

Grecia, no estás sola

Cuando era pequeño recuerdo que los países se reunían ficticiamente en la sede de las Naciones Unidas, allá lejos, en Nueva York, y unas gentes que decían representarnos sentaban sus culos en unos mullidos butacones de cuero con un cartel sobre la mesa y aprobaban medidas extrañas. Lo mismo declaraban la guerra que luchaban contra el hambre en el mundo o se compraban y vendían cosas. A mí me parecía todo muy raro, porque lo que ocurría en aquella sala tan enorme al final poco tenía que ver con lo que pasaba en la calle. Los mendigos seguían pidiendo en la esquina un puñado de monedas, los tenderos continuaban abriendo sus puestos en el mercadillo y los coches circulaban por las avenidas ajenos a las medidas que tomaban allí. Sólo cambiaba el diseño de los electrodomésticos, el corte de los vestidos y el número de ceros que tenían los billetes de banco. Seguir leyendo

La grave desinformación política

He leído con estupor el artículo publicado por Ángela Abós, jefa del PSOE aragonés, en la prensa convencional y he tenido que volver sobre las frases una y otra vez porque no podía creer lo que esta señora había escrito. Las clásicas comparaciones entre kaleborrokas e indignados y la comprensión que muestra hacia uno de los líderes mediáticos, el lamentable Jiménez Losantos —de «Interlobotomía»—, se entrelazan en críticas contra un 15 M que, a su juicio, «no ha sabido, querido o podido concretar en un documento sólido su alternativa real». Lo titula «mejor no confundir» y al pie del mismo lo rubrica, para mayor escarnio, la presidenta del Consejo Económico y Social de Aragón.

  Cada cual es libre de expresar lo que quiera a título individual, pero si lo hace como representante de una entidad de carácter público debe estar sujeta a las correspondientes responsabilidades que se deriven de sus palabras. Diputados y concejales suelen ocupar varios cargos de manera simultánea, cobran por todos ellos y se aúpan en el que más les conviene para utilizarlo como palestra de sus opiniones, así que, pese a la coletilla registrada al pie de su escrito, entiendo que doña Ángeles no expresa otra cosa que sus inquietudes personales. Lo triste es que las vierta con resentimiento tras haber perdido las elecciones y que, lejos de asumir sus carencias, culpabilice al movimiento surgido a partir de las movilizaciones del pasado 15 de mayo, de su pérdida de votos y escaños. La malsana costumbre política de proyectar los errores propios en conductas ajenas ahora se denomina autocrítica, pero se trata en realidad de una tergiversación que sólo sirve para disfrazar un fracaso y escurrir el bulto. Seguir leyendo

Sin pena ni gloria

Pensaba que en las diputaciones provinciales se desarrolarían unas broncas mayúsculas, pero estoy completamente «out». La verdad es que no interesan a casi nadie y estoy convencido de que muchos ni siquiera saben que existen. Sus oficinas están situadas en lugares céntricos y a menudo pasamos cerca de ellas o incluso nos sentamos en sus escaleras sin saber qué se cuece unos peldaños más arriba, al otro lado de la puerta. Las diputaciones provinciales son un viejo invento de Javier de Burgos —político de orígen granadino, director del periódico afrancesado El Imparcial, historiador y traductor— que en 1833, durante el reinado de Isabel II y bajo la regencia de María Cristina, llegó al cargo de Secretario de Estado con el entonces ministro Cea Bermúdez. Aquél decreto del 30 de noviembre promovía una administración «rápida y simultánea» dividiendo el mapa en provincias, cuyas demarcaciones establecieron territorios militares, judiciales y contributivos, en cuanto a la Hacienda pública se refiere. Seguir leyendo

Luisa Fernanda nos quiere gobernar

Biel —el mandamás del PAR— acaba de triunfar entre sus amistades haciéndose con la presidencia de la cámara aragonesa. No sólo le han votado los diputados del PP sino también los del PSOE, y una de sus declaraciones en los medios convencionales de comunicación ha versado sobre «el parlamento, esencia de la política y la democracia». Bajo una tesis tan poco conmovedora, dado que el perfume ha dejado su rastro durante años, intentó este señor ser más explícito elaborando una síntesis para cocinar los pactos, llegando a la triste conclusión de que ahora «necesita calor, tiempo y lugares discretos». El resultado de su sofisma pone los pelos como escarpias pero dice mucho de cómo es el individuo, el partido que dirige y el futuro que nos aguarda. Seguir leyendo

Y no dimite nadie

Ya sé que no se trata de algo nuevo, pero no deja de ser vergonzante que ningún político se dé por aludido y pase lo de siempre: que no dimite nadie. No tendría que ser necesaria la protesta en la calle para que al menos un ejemplo de sentido común se levantara de su poltrona y renunciase en algún sitio. Si la situación económica no es bollante, me parece una razón obvia para que alguien de la Casta, y no hablo de un ministro o del presidente del gobierno —que han tenido tiempo de sobras para tirar la toalla y jamás quisieron entender que este problema iba con ellos— sino de secretarios de Estado y directores generales, algún fantasma incluso entre los batallones de cargos de confianza que pueblan la península podría asumir un ápice de culpa y decir adiós. Seguir leyendo