La grasa parda

De vez en cuando nos desayunamos con avances científicos. A falta de mejores noticias, los medios nos cuentan que la grasa parda —de abundantes mitocondrias— podría devorar los michelines gracias a la orexina, una hormona que se produce en nuestros cocos. Durante años, los investigadores habían llegado a la errónea conclusión de que la grasa parda era un fenómeno similar a la ética o los sueños, materias que una vez pasada la infancia sólo perviven en los ingenuos. Los adultos, y más aquellos que están de buen año, apenas disfrutan de grasa parda en su organismo y sus niveles de orexina son tan deficientes que aun comiendo la mitad engordan el doble. Miles de ratones de laboratorio echados a perder han demostrado ahora que si estimulamos la orexina de marras resulta que la grasa parda se zampa a la corriente y moliente más deprisa y de una manera más efectiva, así que en un futuro todavía será posible ponerse ciego de paella y alumbrar a los congéneres con un chasis decente.  Seguir leyendo

Anuncios

Superpoderes

No sé si les pasa a ustedes lo mismo, pero cuando se cumple una corazonada se me ponen los pelos de punta. La última de todas —ya llevo unas cuantas— es la colocación del escudo antimisiles en Rota. Las razones que esgrimen los jefes para endilgarnos semejante estupidez se basan, como siempre, en razones de defensa nacional. En mi natural ignorancia, cuando oigo hablar del escudo antimisiles, imagino que se despliega sobre Europa un gigantesco paraguas, un toldo de fantasía donde rebotarán las bombas que lancen los malvados. En otros tiempos, los malos de la película según narraba el telediario eran los señores del este, en su mayoría comunistas y prosoviéticos. Cuando el tingladillo se vino abajo, los jefes buscaron un enemigo nuevo, con el suficiente potencial como para generar un miedo pavoroso.  Seguir leyendo