Nefelismo

Existen muchos tipos de nubes, desde las estratosféricas a las de desarrollo vertical. En el viejo código de la escuela franquista se dividían en cirros, cúmulos, estratos y nimbos, en la modalidad actual tal vez hayan cambiado un poco las acepciones pero en esencia las nubes siguen siendo meteoros de carácter suspensorio, donde las partículas construyen en la atmósfera bolsas de agua en formas caprichosas, dando origen incluso a nieblas y neblinas y creando además todo tipo de precipitaciones, desde la lluvia a la nieve, pasando por granizos, hielos granulados y polvos de diamante. Las nubes levantan heladas, rocíos y escarchas, y cuando sopla el viento originan calimas y ventiscas, trombas, remolinos y hasta tempestades. Participan además en la creación de otros meteoros, como la irisación de sus propias nubes, espejismos, trepidaciones, arco iris y centelleos, se colorean gracias a las auroras y se tiñen de matices al amanecer o en el ocaso. Son muy activas durante las tormentas, cuando sueltan rayos, truenos y relámpagos parecen cabrearse con el mundo, y se tornan misteriosas durante los fuegos de san Telmo, esos plasmas de baja densidad que rompen dieléctricamente el aire y que en la Grecia antigua se denominaban Helena. Seguir leyendo