Intersección y cintura

Hay noticias tan esperpénticas que al contarlas resultan hirientes. En la actualidad son demasiadas, de modo que no hay más remedio que hacer una criba para no lastimarse con ellas. Gracias al último contexto legal, que impide la manipulación de las inauguraciones durante la temporada inmediatamente anterior a unas elecciones, los políticos emprendieron hasta ayer mismo una veloz carrera para cortar todas las cintas que pudieran, soltar discursos a destajo y permitir que sus votantes les aplaudieran con excesiva antelación. Ahora que la realidad es cambiante y vertiginosa, los amos de la democracia indirecta desconfían de nuestra memoria y están deprimidos por tener que estrenar las obras sin recibir el voto de sus agradecidos ciudadanos rápidamente.
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La realidad disminuida

El crack del sistema está provocado desde dentro, donde los buitres —a falta de otra cosa— devoran los restos. Es el caso de las agencias de calificación (Moody’s, Standard & Poor’s, Fitch) que viven a todo trapo colocando pegatinas a los productos financieros que sus millonarios amiguetes van creando. Dicen que algo es guay o es carroña según les unten la cartera y luego se benefician de los zurriagazos económicos que ellos mismos producen. No me extraña que ahora les lleven a juicio los de Attac, entre otras causas por maquinación para alterar el precio de las cosas y utilizar información reservada con el ánimo de lucrarse. Es de cajón que se querellen, aunque un fornido batallón de abogados a sueldo de las multinacionales les aguarden muy contentos para mandarlos a hacer puñetas.

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La hora y la luz

En todo este maremagnum llueve una vez más, como cada primavera, el cambio de hora. A las dos saltaron las manecillas y fueron las tres. Parece que fue ayer cuando, justo a la inversa, eran de nuevo las dos. No estaría de más que se crease algún tipo de lotería y a las dos pudieran ser las doce de la noche o las cuatro de la madrugada. Habría cierta expectación. Sería un cambio.

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El derecho a cascarla

Creo que si no podemos vivir dignamente al menos debe garantizársenos el derecho a cascarla con libertad. Dudo mucho que los diputados aragoneses hayan firmado algo semejante en las Cortes de la Aljafería, pero hubiera sido lo justo. Las normas están dictadas para atar en corto a la peña, no sólo para evitar sus desmanes. Las gentes de orden, los que necesitan que el común de los mortales no se vayan de la pinza y comiencen a organizar motines y algaradas, suelen preocuparse en demasía por los derechos de los suministradores de fármacos.
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Contactos

Reducir a la mujer al concepto de ganado para consumo sexual es un fenómeno que nos asalta todos los días en las denominadas páginas de contactos que pueblan la prensa escrita más convencional. En estos espacios podemos encontrar fotografías de señoras ligeras de ropa y en posturas estrambóticas, donde nos muestran las nalgas o el canalillo, supongo que antes de sufrir una rotura de ligamentos y solicitar los servicios del fisioterapéuta.
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Hierro 3

Una señora tan bregada en la política, que incluso es capaz de utilizarla en su propio beneficio sin terminar en los juzgados, merece ser escuchada con atención. No tiene un pelo de tonta. Con los tiempos que corren, ostentar un cargo público sin mancharse las manos es una tarea harto compleja. Cuando se maneja tan excelente herramienta para sanear las finanzas familiares, hay que comprender que no todos los concejales, diputados y demás próceres saben nadar y guardar la ropa al mismo tiempo —el caso de La Muela es paradigmático al respecto— de modo que, cuando esta dama tan conocida abre la boca ante los micrófonos, yo suelo acercar la oreja y pillar las gafas para escuchar con delectación sus palabras y leer después muy detenidamente lo que acerca de ella se escribe en los medios de incomunicación.
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Otra película del lejano oeste

Las Naciones Unidas han dicho que sí y además el premio nobel de la paz —el mismo que no cierra Guantánamo— es el general en jefe, así que no cabe ninguna duda de que nos encontramos ante una guerra legal y hermosa, toda ella cuajada de excelentes principios y no menos brillantes razones. Se ha identificado a los buenos —los ayudantes del sheriff— y a los malos, que siempre son evidentes (Gadafi y su familia —muy parecidos a los Dalton— y todos sus mercenarios), de modo que la situación está clara y bajo control.
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