La lámpara maravillosa

A uno le gustaría a veces intercambiarse por el osito Po, el panda del zoo madrileño que le atizó un soberano mordisco a la reina Sofía. Con todo su joyerío encima, estaba sonriendo esta señora muy confiada a los fotógrafos mientras acunaba al inocente animalillo en sus brazos, cuando se llevó de premio una dentellada.
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Intersección y cintura

Hay noticias tan esperpénticas que al contarlas resultan hirientes. En la actualidad son demasiadas, de modo que no hay más remedio que hacer una criba para no lastimarse con ellas. Gracias al último contexto legal, que impide la manipulación de las inauguraciones durante la temporada inmediatamente anterior a unas elecciones, los políticos emprendieron hasta ayer mismo una veloz carrera para cortar todas las cintas que pudieran, soltar discursos a destajo y permitir que sus votantes les aplaudieran con excesiva antelación. Ahora que la realidad es cambiante y vertiginosa, los amos de la democracia indirecta desconfían de nuestra memoria y están deprimidos por tener que estrenar las obras sin recibir el voto de sus agradecidos ciudadanos rápidamente.
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La realidad disminuida

El crack del sistema está provocado desde dentro, donde los buitres —a falta de otra cosa— devoran los restos. Es el caso de las agencias de calificación (Moody’s, Standard & Poor’s, Fitch) que viven a todo trapo colocando pegatinas a los productos financieros que sus millonarios amiguetes van creando. Dicen que algo es guay o es carroña según les unten la cartera y luego se benefician de los zurriagazos económicos que ellos mismos producen. No me extraña que ahora les lleven a juicio los de Attac, entre otras causas por maquinación para alterar el precio de las cosas y utilizar información reservada con el ánimo de lucrarse. Es de cajón que se querellen, aunque un fornido batallón de abogados a sueldo de las multinacionales les aguarden muy contentos para mandarlos a hacer puñetas.

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La hora y la luz

En todo este maremagnum llueve una vez más, como cada primavera, el cambio de hora. A las dos saltaron las manecillas y fueron las tres. Parece que fue ayer cuando, justo a la inversa, eran de nuevo las dos. No estaría de más que se crease algún tipo de lotería y a las dos pudieran ser las doce de la noche o las cuatro de la madrugada. Habría cierta expectación. Sería un cambio.

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El derecho a cascarla

Creo que si no podemos vivir dignamente al menos debe garantizársenos el derecho a cascarla con libertad. Dudo mucho que los diputados aragoneses hayan firmado algo semejante en las Cortes de la Aljafería, pero hubiera sido lo justo. Las normas están dictadas para atar en corto a la peña, no sólo para evitar sus desmanes. Las gentes de orden, los que necesitan que el común de los mortales no se vayan de la pinza y comiencen a organizar motines y algaradas, suelen preocuparse en demasía por los derechos de los suministradores de fármacos.
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Contactos

Reducir a la mujer al concepto de ganado para consumo sexual es un fenómeno que nos asalta todos los días en las denominadas páginas de contactos que pueblan la prensa escrita más convencional. En estos espacios podemos encontrar fotografías de señoras ligeras de ropa y en posturas estrambóticas, donde nos muestran las nalgas o el canalillo, supongo que antes de sufrir una rotura de ligamentos y solicitar los servicios del fisioterapéuta.
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